YouTube ha estado aplicando inteligencia artificial para editar videos sin notificar a los creadores, generando incomodidad y desconfianza en la comunidad de YouTubers. Los cambios, aunque sutiles, afectan detalles visuales como la textura de la piel o la nitidez de la ropa, dando como resultado una estética que muchos describen como artificial e inquietante.
Cambios imperceptibles que alteran la esencia del contenido
Uno de los primeros en notar estas modificaciones fue Rick Beato, músico y creador de contenido con más de cinco millones de suscriptores. Al revisar uno de sus videos, notó que su cabello se veía extraño y que parecía tener maquillaje, sin haberlo aplicado.
Este efecto visual no fue exclusivo. Su colega Rhett Shull, también músico y YouTuber, revisó sus propios videos y observó detalles similares. Ambos coincidieron en que la imagen parecía procesada por IA, y que si hubieran querido ese resultado, lo habrían hecho ellos mismos desde la edición. El problema, según ellos, es que se siente artificial y sin autorización.
YouTube lo confirma, pero es solo un experimento…
Las quejas comenzaron a circular por redes sociales. Finalmente, YouTube admitió estar realizando pruebas con inteligencia artificial en algunos videos, especialmente en su formato YouTube Shorts.
Rene Ritchie, director de interacción editorial y con creadores, explicó en X que están probando mejoras visuales como desenfoque, reducción de ruido y reenfoque, similares a los procesos que hacen los smartphones actuales de forma automática. Pero lo que diferencia este caso es que los creadores no tienen control ni aviso previo sobre los ajustes.
Ritchie agregó que YouTube “trabaja constantemente para mejorar la calidad de imagen y la experiencia de usuario”, y que tomarán en cuenta el feedback de los creadores a medida que desarrollen estas funciones.
Crecen las dudas sobre confianza y manipulación
La preocupación principal no es solo estética. Para muchos expertos, esto arruina la confianza en el contenido digital, ya que modifica la presentación sin permiso. Según Samuel Wooley, experto en desinformación de la Universidad de Pittsburgh, el problema es grave. “No es como cuando un usuario elige aplicar IA desde su teléfono. Acá hablamos de una empresa que manipula contenido de grandes creadores y lo distribuye sin su consentimiento”, alertó.
Esto plantea un dilema ético, si los espectadores no saben que el contenido fue modificado por IA, y los creadores tampoco, ¿en quién se puede confiar?







