Windows 11 arrastra un año complicado con sus actualizaciones. Una revisión de los parches publicados entre enero y septiembre de 2026 muestra que Windows 10 acumuló menos incidencias documentadas y, hasta ahora, está ofreciendo una experiencia más estable que su sucesor.
El contraste resulta especialmente interesante porque Microsoft sigue empujando a usuarios y fabricantes hacia Windows 11. Durante estos meses aparecieron problemas relacionados con arranque, autenticación, BitLocker, audio, Escritorio remoto y acceso a archivos, varios de ellos lo suficientemente importantes como para requerir correcciones adicionales.
Windows 11 acumuló problemas en funciones básicas durante 2026
Uno de los primeros casos importantes apareció en marzo con KB5079473, que provocó errores al iniciar sesión con cuentas Microsoft en determinadas condiciones. El fallo afectó a aplicaciones como Teams Free, OneDrive, Edge y Office, incluso en equipos que tenían conexión a Internet. Microsoft terminó corrigiéndolo posteriormente mediante KB5085516.
Junio trajo un problema diferente con KB5094126. Algunos equipos, especialmente determinados modelos de HP, dejaron de arrancar correctamente o terminaron mostrando la recuperación de BitLocker después de instalar la actualización. En este caso también intervenían factores relacionados con firmware y particiones EFI, complicando todavía más el diagnóstico para los usuarios afectados.
Septiembre volvió a sumar incidencias con Escritorio remoto, audio USB y carpetas compartidas con máquinas virtuales Linux mediante Plan9. Este último fallo llegó a afectar aplicaciones como Claude Cowork, mientras Microsoft publicó la actualización extraordinaria KB5129195 para corregir varios problemas. Aun así, quedaron otros reportes vinculados al Explorador, Historial de archivos y equipos con GPU AMD que todavía estaban bajo investigación.
Windows 10 también tuvo errores durante el año, pero quedó mejor parado en cantidad y gravedad de incidencias. Parte de esa diferencia puede explicarse porque recibe menos funciones nuevas y menos cambios profundos, reduciendo las oportunidades de introducir fallos. Para Microsoft, el desafío ahora pasa por conseguir que actualizar Windows 11 vuelva a ser una tarea predecible y no una posible fuente de nuevos problemas.







