En plena era del boom de la inteligencia artificial, muchas empresas buscan posicionarse como líderes en automatización. Una de ellas fue Builder.ai, una startup británica que prometía revolucionar el desarrollo de software con una plataforma sin código y un asistente virtual llamado Natasha. Con una valuación de 1.500 millones de dólares y el respaldo de Microsoft, todo parecía indicar que habían dado en el clavo. Pero la realidad detrás del proyecto era muy distinta, y en lugar de algoritmos avanzados, la estructura de Builder.ai se sostenía con el trabajo de unos 700 ingenieros en India.
La propuesta de Builder.ai se basaba en que su tecnología ensamblaba automáticamente partes preexistentes para crear aplicaciones funcionales en días. Microsoft llegó a invertir más de 445 millones de dólares convencido de que estaba apostando por una plataforma que reduciría el costo y la intervención humana en el desarrollo. Pero en la práctica, gran parte del proceso era manual. Los clientes pensaban que estaban viendo la magia de la IA, pero detrás había profesionales codificando y adaptando plantillas.
Startup financiada por Microsoft usaba humanos como IA.
Esto no solo generó frustración entre usuarios, sino que también derivó en acusaciones graves. Según se informa, Builder.ai habría inflado sus cifras de ingresos en conjunto con VerSe Innovation, haciendo creer a los inversores que sus ventas eran hasta 300% mayores de lo real. Como resultado, la compañía terminó declarada en quiebra y ahora enfrenta investigaciones tanto en Reino Unido como en Estados Unidos.
Este caso recuerda a lo que ocurrió con Amazon y su sistema Just Walk Out, donde los consumidores entraban a tiendas físicas sin pasar por cajas. Aunque se publicitó como una experiencia basada totalmente en visión por computadora e inteligencia artificial, se descubrió que cerca del 70% de las transacciones eran verificadas manualmente por trabajadores contratados en India. Amazon lo justificó diciendo que los humanos estaban allí para «entrenar los modelos», pero el funcionamiento real era bastante distinto del ideal tecnológico que se vendía.
Ambas situaciones ponen en evidencia una tendencia preocupante, y es que algunas empresas están utilizando el marketing de la inteligencia artificial como un anzuelo para captar inversiones, mientras detrás operan con estructuras tradicionales de outsourcing.
Fuente: TechSpot







