Samsung estaría considerando dar un paso estratégico que podría redefinir su posición en la industria de semiconductores. Según se informa, la compañía analiza una inversión en Intel, siguiendo los movimientos del propio Gobierno de Estados Unidos bajo la administración Trump, que planea adquirir parte de la firma estadounidense.
Estados Unidos entra en Intel con 11.000 millones de dólares
EE.UU. aprovecharía las subvenciones de la ley CHIPS para invertir unos 11.000 millones de dólares en Intel, lo que equivaldría a aproximadamente un 10% de participación accionaria. Con esto, busca reforzar la producción nacional de chips, considerada un pilar clave para la seguridad tecnológica y militar del país.
El movimiento ha generado interés entre grandes inversores. Esta misma semana, SoftBank, dueña de Arm, anunció una inversión de 2.000 millones de dólares en Intel, provocando un repunte en la cotización bursátil de la compañía.
El papel de Arm y la estrategia de Intel Foundry
La relación entre SoftBank e Intel se entiende mejor al recordar que Intel Foundry Services fabricó hace poco su primer chip con el proceso Intel 18A, y se trataba de un SoC basado en Arm. Esto refuerza la idea de que Arm puede convertirse en un cliente clave de Intel en el futuro, asegurando acceso a obleas que, en TSMC, están muy demandadas por gigantes como NVIDIA y Apple.
En este contexto, apoyar financieramente a Intel es, para SoftBank, garantizar que Arm tendrá prioridad en una capacidad de producción limitada y muy competitiva.
¿Qué gana Samsung con invertir en Intel?
A diferencia de SoftBank, Samsung cuenta con su propia fundición, Samsung Foundry, que compite directamente contra TSMC e Intel. Entonces, ¿por qué interesarse en poner dinero en un rival? La respuesta parece estar en la política industrial de Estados Unidos.
Al mostrar compromiso con Intel, Samsung podría ganar influencia en EE.UU. y beneficiarse de un marco regulatorio más favorable para cerrar acuerdos con empresas estadounidenses. Además, si Intel no logra satisfacer la creciente demanda, Samsung podría posicionarse como segunda opción natural antes que TSMC.
Este interés llega después de que Samsung cerrara un acuerdo de 16.500 millones de dólares con Tesla, asegurando la fabricación de chips para la automotriz de Elon Musk. La estrategia de los coreanos es clara, crear lazos fuertes con clientes estadounidenses y reforzar su presencia en un mercado que busca alternativas locales frente a la dependencia asiática.
Una jugada donde todos buscan ganar
Intel necesita apoyo financiero para sostener su I+D, cumplir con su hoja de ruta tecnológica y mantener la confianza de sus socios estratégicos, que incluyen al Departamento de Defensa, Lockheed Martin y Boeing.
Estados Unidos asegura con estas inversiones que la producción de chips críticos se mantenga dentro de su territorio. Mientras tanto, Samsung aprovecha para fortalecer su relación con la administración Trump y posicionarse mejor frente al eterno rival de todos en la industria, TSMC.







