Lo que muchos veían como otro aumento más terminó tomando una dimensión muy distinta. El arranque de 2026 no solo confirma que la memoria va a ser más cara, sino que marca un quiebre claro en el mercado. Las previsiones para el primer trimestre ya hablan de aumentos generalizados en la DRAM convencional de entre 55% y 60% trimestre contra trimestre, con la memoria para servidores incluso por encima de ese nivel. El escenario dejó de ser una crisis puntual y empieza a parecer algo mucho más profundo.
Este ajuste está muy por encima de lo que se esperaba hace apenas unos meses. El mercado no está simplemente tensionado, cambió su eje de demanda, y cuando eso pasa, el impacto se traslada a toda la cadena. Desde los fabricantes y OEM hasta el usuario final, nadie queda al margen de una corrección de este tamaño.
La IA cambia las reglas
Para quienes usan PC, notebooks o cualquier dispositivo electrónico, la situación es complicada. El motor principal de la demanda ya no es el consumo tradicional, sino la inteligencia artificial, que absorbe cada vez más capacidad productiva. Con ese panorama, no hay margen real para esperar precios estables de memoria durante 2026. La capacidad no alcanza y casi todo el hardware moderno depende de algún tipo de memoria.
La clave está en cómo se está redistribuyendo la producción. Los fabricantes de DRAM están desviando nodos avanzados y nueva capacidad hacia productos de servidor y memorias vinculadas a cargas de trabajo de IA, donde los márgenes son más altos y los contratos más agresivos. La capacidad de fabricación no crece al mismo ritmo que la demanda, así que se prioriza qué fabricar y para quién. Cuando el foco está en servidores, el resto del mercado compite por una oferta cada vez más chica.
Quién compra primero y cómo paga define el precio
El problema ya no es solo cuánto sube, sino quién se queda con la producción. Los grandes proveedores de servicios en la nube llevan meses adelantando pedidos y cerrando contratos a largo plazo para infraestructura de entrenamiento e inferencia. Esa estrategia bloquea gran parte del crecimiento disponible y empuja a los fabricantes a operar con inventarios mínimos.
La DRAM para servidores supera el 60% de aumento casi por inercia, impulsada por la escasez y el poder de negociación del vendedor. Firmas como Goldman Sachs ya advierten que, en el acumulado de 2026, la DRAM convencional podría encarecerse hasta un 80%, mientras que la NAND Flash rondaría el 50%. Para el usuario común, el panorama es directamente jodido.
El impacto de la DRAM se extiende a PC, almacenamiento y más
En el mercado de PC, incluso con una demanda de notebooks que no despega, la DRAM también apunta a subas fuertes. Muchos OEM se ven forzados a comprar memoria a través de fabricantes de módulos, generalmente a precios más altos. Cuando el aumento pasa del chip al módulo, absorberlo sin trasladarlo al precio final del equipo se vuelve casi imposible.
El efecto no se limita a la PC. En móviles, la oferta ajustada mantiene elevados los precios de LPDDR4X y LPDDR5X. En el segmento gráfico, la capacidad compartida con DDR5 evita caídas de precio. Y aunque el foco esté en la DRAM, la NAND Flash acompaña la tendencia, con SSDs de consumo encareciéndose al competir otra vez con el servidor por la misma capacidad productiva.
Todo indica que el primer trimestre de 2026 marcará un antes y un después. El aumento ya supera cualquier previsión razonable y el mercado empieza a hablar directamente de colapso. Salvo que la demanda de IA se enfríe de forma abrupta, el escenario apunta a empeorar a lo largo del año.







