Totalmente de sorpresa, NVIDIA compró el 5% de Intel por 5.000 millones de dólares, pagando 23,28 dólares por acción. La compra se produce apenas tres semanas después de que el gobierno de Estados Unidos adquiriera un 9,9% de Intel por 8.900 millones de dólares.
Si bien estas participaciones no otorgan control sobre Intel, sí brindan una voz estratégica importante en decisiones de futuro, sobre todo si se coordinan con otros accionistas.
NVIDIA e Intel anuncian colaboración estratégica
Junto con la compra, ambas compañías presentaron un acuerdo de cooperación único. El objetivo es desarrollar en conjunto varias generaciones de productos personalizados para centros de datos y PCs, combinando la experiencia de NVIDIA en IA y computación acelerada con las CPUs y el ecosistema x86 de Intel.
En centros de datos, Intel fabricará procesadores x86 personalizados para NVIDIA, que se integrarán en plataformas de infraestructura de inteligencia artificial. En mercado de consumo, Intel desarrollará SoCs x86 con gráficos NVIDIA RTX integrados, es decir, super APUs que combinan CPUs Intel con GPUs RTX de última generación.
La conexión nativa de arquitecturas se dará mediante NVIDIA NVLink, ampliando la interoperabilidad entre ambas plataformas.
¿Qué pasará con Intel Arc?
La gran incógnita es el futuro de la división de gráficos Intel Arc. Hasta ahora, sus GPUs integradas habían mostrado un buen rendimiento frente a AMD, pero con este acuerdo, los próximos procesadores de Intel contarían con gráficos NVIDIA RTX.
A corto plazo, los usuarios ganarían en rendimiento y compatibilidad. Sin embargo, a largo plazo podría significar la pérdida de Intel como competidor directo de AMD y NVIDIA en el mercado gráfico.
Este pacto coexistirá con el acuerdo previo de NVIDIA con MediaTek, orientado a desarrollar SoCs basados en CPU Arm. En este caso, la apuesta con Intel apunta al segmento de alto rendimiento x86.







