Si usás redes sociales todos los días, seguro escuchaste más de una vez el debate sobre cómo influyen en nuestro ánimo. Durante años, Meta aseguró que no tenía pruebas firmes sobre el impacto de Instagram y Facebook en adolescentes y adultos jóvenes. Pero documentos revelados en un nuevo proceso judicial muestran lo contrario. La compañía sí sabía, y no solo eso, decidió esconder los resultados de su propio estudio.
En 2020, Meta impulsó una investigación interna llamada Project Mercury, realizada junto con especialistas de Nielsen. El planteo era simple y directo, medir cómo cambiaba el bienestar de las personas si dejaban de usar Facebook e Instagram durante una semana. La idea parecía una prueba más entre tantas… hasta que los resultados llegaron y prendieron todas las alarmas dentro de la empresa.
El experimento…
Según los documentos, quienes tomaron el descanso de una semana se sintieron mejor casi de inmediato. Los participantes estaban menos ansiosos, menos solos y dejaban de compararse de forma constante con otras personas. El informe interno calificó estos cambios como un “efecto causal”, es decir, no era una correlación cualquiera, las apps tenían un impacto directo en el empeoramiento del estado emocional.
Para quienes usan redes a diario, esto confirma lo que muchos intuían desde hace tiempo. Pero lejos de continuar la investigación o publicar sus conclusiones, Meta decidió cerrar el proyecto. La explicación oficial fue que el estudio se vio “contaminado por un clima mediático negativo”. Sin embargo, dentro de la empresa lo vivieron de otra manera, empleados compararon la situación con las tabacaleras que ocultaron información sobre el daño de sus productos.
Tras la filtración de estos datos, la compañía respondió de forma previsible. Aseguró que los documentos están “sacados de contexto” y que no reflejan la totalidad de su trabajo en bienestar digital. Aun así, para gran parte del público la duda ya está instalada. Y la comparación con prácticas corporativas del pasado agrava todavía más la percepción sobre cómo Meta maneja la información que obtiene de sus propios usuarios.
Meta niega las acusaciones
Lo preocupante es que estas conclusiones internas nunca se hicieron públicas en su momento, a pesar de que podían haber ayudado a entender mejor el uso sano de las redes. En vez de abrir el debate, Meta eligió bajar la persiana del proyecto y seguir adelante sin cambios visibles.
Este caso reaviva una pregunta que aparece cada vez que sale un estudio sobre el tema, ¿deberían las redes tomar más responsabilidad en el daño que pueden generar? Porque si algo dejó claro Project Mercury es que un descanso corto basta para notar un cambio en el estado anímico. Y eso, para millones de usuarios que utilizan estas plataformas como parte diaria de tu rutina, no es un dato menor.
Por ahora, Meta sostiene su versión, pero los documentos judiciales abren la puerta a más investigaciones y a un debate que está lejos de terminar.






