La Generación Z ya no recibe a la inteligencia artificial con el mismo entusiasmo que prometía el discurso tecnológico de hace unos años. Lo que antes se presentaba como una herramienta para estudiar más rápido, trabajar mejor y abrir oportunidades ahora genera ansiedad, rechazo y miedo a quedar fuera del mercado laboral.
El tema volvió a quedar expuesto durante una charla de Eric Schmidt, ex CEO de Google, en la Universidad de Arizona. Schmidt dijo que la IA tendrá un impacto “mayor, más rápido y más trascendental” que cualquier cambio anterior. También afirmó que tocará cada profesión, aula, hospital, laboratorio, persona y relación. La reacción de los estudiantes, por todo esto, no fue de entusiasmo, sino de incomodidad y abucheos.
La Generación Z teme que la IA compita por sus primeros trabajos
El problema es claro. Muchos jóvenes todavía están estudiando o recién empiezan su carrera profesional, pero ya sienten que la IA no llega solo para ayudarlos. También puede competir directamente por sus puestos, especialmente en trabajos de entrada o tareas consideradas de menor valor.
El miedo no sale de la nada. Reuters cita el caso de Standard Chartered, que anunció más de 7.000 despidos y habló de reemplazar “capital humano de menor valor” con IA. Esa frase resume por qué el discurso empresarial sobre automatización empieza a sonar cada vez peor entre quienes buscan su primera oportunidad laboral.
También se mencionan recortes en grandes compañías tecnológicas. Meta prepara una reducción del 10% de su plantilla global, Amazon eliminó unos 30.000 puestos corporativos en los últimos meses y Block recortó casi la mitad de su plantilla en febrero. En ese contexto, cuando una empresa habla de productividad con IA, muchos jóvenes escuchan menos estabilidad, menos vacantes y más presión.
Más ansiedad que entusiasmo frente a la inteligencia artificial
Una encuesta de Gallup apunta en la misma dirección. Entre los nacidos entre 1997 y 2012 crecen la ansiedad y el enojo hacia la IA, mientras baja el porcentaje de quienes se sienten esperanzados o entusiasmados. Casi la mitad cree que los riesgos superan los beneficios, frente a solo un 15% que la ve claramente positiva.
El dato tiene un matiz importante. La Generación Z no está desconectada de la tecnología. Al contrario, muchos reconocen que necesitan aprender a usar IA para estudiar, trabajar y competir. Pero también temen que afecte el aprendizaje profundo, la creatividad y la posibilidad de construir una carrera sólida.
La percepción cambia según el uso. Quienes utilizan más IA suelen verla con mejores ojos, mientras que quienes la usan menos muestran más rechazo. Eso deja una tensión incómoda, la IA parece obligatoria para no quedarse atrás, pero emocionalmente muchos no la bancan.
Lo ocurrido con Schmidt no fue un caso aislado. El 8 de mayo, Gloria Caulfield también fue abucheada en la Universidad de Central Florida al hablar de la IA como la próxima revolución industrial. Los aplausos llegaron cuando reconoció que había tocado una fibra sensible.
La IA sigue avanzando, pero el clima cambió. La Generación Z no quiere aplaudirla sin preguntar qué empleos, aprendizajes y oportunidades quedarán en el camino.








