La carrera por la supercomputación suma un proyecto que rompe con lo que se ve hoy en el sector. Mientras la mayoría apuesta por GPUs y aceleradores, China propone un camino distinto. La iniciativa llega en un contexto donde la independencia tecnológica pesa cada vez más.
El Centro Nacional de Supercomputación de Shenzhen presentó Lingshen, una supercomputadora diseñada para superar los 2 ExaFlops de rendimiento sostenido sin usar GPUs. Si se concreta, sería la primera en alcanzar ese nivel utilizando únicamente CPUs.
Una arquitectura masiva con enfoque diferente
El sistema plantea una escala enorme. Incluye 47.000 procesadores distribuidos en 92 gabinetes, junto con 36 gabinetes de red que forman una interconexión de un millón de puertos. Es una infraestructura pensada para tareas demandantes y alto paralelismo.
En almacenamiento, el objetivo es llegar a 650 petabytes con un ancho de banda de 10 TB por segundo. Todo esto acompañado por refrigeración líquida en decenas de módulos, lo que muestra el nivel de complejidad del proyecto.
El desarrollo se divide en dos etapas. Primero, una fase piloto con servidores Huawei Kunpeng basados en arquitectura ARM. Luego, una versión de producción con CPUs x86 que escalan el sistema a más de 100.000 núcleos.
El desafío frente a las supercomputadoras actuales
Hoy, el sistema más potente es El Capitan en Estados Unidos, que combina CPU y GPU en un mismo paquete. Lingshen apunta a superar su rendimiento medido, pero con un enfoque completamente distinto.
El dato importante es que todavía no hay pruebas reales. El rendimiento anunciado es un objetivo de diseño, no un resultado validado. Esto deja dudas sobre si puede cumplir lo prometido en condiciones reales.
Aun así, la propuesta es interesante. Va contra la tendencia actual del mercado, donde los aceleradores son clave para alcanzar este nivel de potencia.
Limitaciones y puntos críticos
Uno de los aspectos más discutidos es el uso de CPUs x86 “domésticas”. Las opciones en China son limitadas y no compiten directamente con Intel o AMD en este tipo de cargas.
Además, no se especificó qué proveedores se utilizarán ni cuándo estará listo el sistema completo. Esto suma incertidumbre a un proyecto que ya de por sí es ambicioso. También hay antecedentes. El mismo centro anunció proyectos similares en el pasado que terminaron retrasados. Por eso, el desarrollo de Lingshen se sigue con cuidado.
Más allá de lo técnico, Lingshen tiene un rol estratégico. China busca reducir su dependencia de tecnología extranjera, especialmente tras las restricciones de exportación de Estados Unidos.
Este tipo de proyectos demuestra capacidad interna y envía un mensaje claro hacia afuera. No solo se trata de rendimiento, sino de control sobre la cadena tecnológica. Existen precedentes como Fugaku, que logró gran rendimiento sin GPUs. Pero Lingshen apunta mucho más alto, lo que lo convierte en una apuesta arriesgada.
Si se concreta, puede marcar un antes y un después en supercomputación. Si no, quedará como otro intento en una carrera donde la tecnología y la geopolítica van de la mano.







