La posibilidad de que AMD produzca procesadores en las fábricas de Intel parecía impensable hace unos años, pero hoy está sobre la mesa. Según se informa, ambas compañías mantienen conversaciones para que futuros Ryzen y EPYC se fabriquen en los nodos Intel 18A y Intel 14A, lo que marcaría un hecho inédito en la historia de dos rivales que llevan más de medio siglo compitiendo en x86.
El trasfondo geopolítico y económico
Intel atraviesa una crisis estructural en su negocio de fundición, con dificultades para producir chips avanzados de manera masiva y una dependencia creciente de TSMC. AMD, en cambio, diseña sus CPU y GPU pero confía casi exclusivamente en Taiwán para fabricarlas.
En este escenario, la política estadounidense tiene un papel clave. La Casa Blanca presiona para que al menos la mitad de los chips destinados al mercado interno se fabriquen dentro del país. Apoyarse en Intel permitiría a AMD diversificar riesgos y, al mismo tiempo, enviar una señal positiva a Washington.
Una alianza inédita entre rivales históricos
Que AMD fabrique en Intel sería romper una frontera simbólica. A lo largo de su historia, AMD ha trabajado con GlobalFoundries y TSMC, pero nunca ha llevado un diseño a las fábricas de su competidor directo. La idea encaja en la estrategia de Intel de convertirse en una “fábrica universal”, abierta incluso a sus rivales.
Recientemente, NVIDIA firmó un acuerdo para producir CPU con NVLink e iGPU en Intel. Si AMD hiciera lo mismo, sería un impulso a la visión del gigante azul, que enfrenta dudas sobre el rendimiento de su nodo Intel 18A y busca mostrar que hay confianza en su capacidad de fabricación.
¿Qué chips podrían estar en juego?
Aunque no hay confirmación oficial, los rumores apuntan a que AMD podría delegar la producción de Ryzen o EPYC, dejando fuera de momento a Radeon e Instinct. No está claro si el acuerdo implicaría también una inversión directa en Intel, como la que ya hicieron otros socios estratégicos.
Lo cierto es que, si se concreta, la industria cruzaría un umbral difícil de imaginar hasta hace poco, ver a dos rivales históricos trabajando juntos, empujados por la geopolítica, los aranceles y la carrera mundial por el silicio.








